domingo, 22 de julio de 2012

Domingo repetitivo, mañana y tarde la misma historia.


Amanecemos en nuestro 5º día, más dormidos que otras veces (empieza a notarse el cansancio), desayunamos, y los peques se van con Brezo a misa. Nosotros seguimos medio sopa, pero esperamos (o al menos yo), a su vuelta, poder ir a la playa, pero tío Gabi, que está de vacaciones, acaba de levantarse, más bien tirando a dormido, y prefiere no coger la bici, así que deciden irse los mayores con Diego a conocer Utrecht, y nos quedamos nosotros tres con los niños.
Deciden hacer huelga, y es que “ya no saben qué enseñarnos”, así que yo, a lo “mi padre”, decido que no he venido a Holanda a estar enchufada a la Wii, el ordenador, el móvil o la nintendo, así que me declaro jefa superior, y obligo a “too quisqui” a movilizarse a la playa. Recibo quejas de Moni y Jaco, la una escuchando música en el ordenador y el otro jugando a los Rabids en la Wii, pero las omito y cogemos todos las bicis. Sólo he ido a la playa en coche y quiero conocer el precioso camino que hay hasta allí en bici, incluyendo la famosa cuesta.

sábado, 21 de julio de 2012

Día 4, cumple de Brezo


Amanecemos Angy y yo y bajamos a desayunar. Nos enteramos de que los tíos y los primos se van a pasar el día en barco por los canales, y como cuesta cada barquito 70€, es de 4 personas, y somos 11, han cogido dos y se van ellos. Éste es, por así decirlo, nuestro primer día solos en Holanda.
Angy decide que es el momento perfecto para estrenar sus nike nuevas, lo malo es que los cordones hacen un dibujo feo, y me pide por favor que se los coloque. Así o hago y salgo con los perros, Jorge y Angy ya me alcanzarán.
Así es, y tras los oportunos pises y cacas volvemos a casa, cogemos las bicis, y ponemos rumbo, algo más tarde de lo esperado, a Leiden, en busca del mercadillo de los sábados.
El paseo es liso, por terreno asfaltado, rojo, por el que solo pasan bicis y ciclomotores, y en ocasiones, algún que otro peatón. A los 20 minutos pedaleando, cuando creemos que ya nos merecemos un descanso, entramos a la izquierda a un parking de bicis, que tiene al fondo un museo, pero no sabemos de qué, porque no llegamos hasta él. Aparcamos la bici, en plan guay, sin más que dejarlas en medio de ese parking de bicis, y cuando quiero hacer la foto de “la españolada”, me dice la cámara que “nanai”, que “out of memory” . Recuerdo que por la mañana pasé las fotos al ordenador, para poder añadirlas al blog, y le pido a Angy que la haga con su cámara de vídeo.
Al continuar nuestro paseo, seguimos los carteles que dicen “Leiden”, el sitio al que se supone que vamos, pero como no lo hemos buscado en ningún sitio, no encontramos ningún “Leiden Market” típico de los sábados. Lo que sí que encontramos es un puesto de pescado frito enfrente de un centro comercial en el que hay un C1000, el “como un chino pero caro”, y entramos a cotillear. En la entrada del C1000 hay una máquina de refrescos, y como para lo que queremos entrar al C1000, es para hidratarnos, Angy pulsa el botón, para probar suerte. Resulta que las bebidas frías de la máquina cuestan 75 céntimos, así que no pensamos que nos merezca la pena ahorrarnos 20 céntimos si la de dentro del super estará caliente, así que se coge su coca cola y damos la vuelta por el centro comercial.
Sin quererlo ni tenerlo, siguiendo los pasillos del CC, “entramos” en un todo a 100, y no era otra cosa que los típicos estantes que se colocan fuera de la tienda para que te hagas una idea de lo que habrá dentro, solo que en ésta ocasión, sin entrar en  la tienda, ya pasamos por varios “pasillos”.
Salimos del centro comercial, sin esperanzas ya de encontrar el Leiden Market, y cuando llegado el momento, no vemos más que casas y casas y casas, y algún que otro colegio, sin mapa ni internet para ver dónde estamos y a dónde vamos, decidimos seguir las indicaciones de “Wassenaar”, y volver a casa.
La vuelta es algo más rápida, pues decidimos hacerla casi seguida, para llegar y descansar lo más pronto posible, llegamos a casa por fin, comemos (yo espaguetis con pesto, nata y parmesano, sobras que había por la nevera), y nos acercamos al C1000, también conocido como “el chino caro”, y cotilleamos todos los pasillos habidos y por haber. Compramos chucherías varias, y llama Ali. Necesita las bicis para ir a los gatos, y quiere saber cuánto tardaremos en llegar.
Como no nos queda mucho por mirar, le digo que no tardaremos mucho, pero que de parecerle así, que vengan al C1000 y me llamen, para salir y descandarlas, y cambiar las bicis, pero no hace falta. Nos da tiempo a llegar a casa, así que les dejamos las bicis y van Pablo, Inma, Ali, Diego y Brezo a la casa de los gatos.
Nosotros tres paseamos a los perros, y tras un rato de descanso de hacer cosas, y el resto de la tropa ya en casa, nos sorprende Gabi con unas salchichas alemanas con puré de patatas, y lo tomamos en el salón, viendo los dibujos en holandés de los niños. Antes de acostarnos le pregunto a Brezo por los planes de mañana, y me dice que si hace buen día, iremos todos a la playa.
Ésta vez Gabi duerme con Jaco en el salón, así que tampoco podemos quedarnos hasta muy tarde por la zona. Ali y Moni dormirán con su madre arriba, y el resto como siempre.

Goedenacht!

viernes, 20 de julio de 2012

Tercer día, cumple de tía Inma



Tercer día, y amanecemos cansados, como todos los días. Ali y Moni destrozadas por haber tenido que compartir cama con sus padres, y los tíos (menos Brezo, que ya no estaba porque se había ido a trabajar), nos dicen que se van a “La Haya” a conocerlo. Nos dejan las bicis, entre ellas una alquilada para que tío Pablo pueda llevar a Diego atado delante, y ellos se van en coche. Desayunamos, y vamos con los primos al pueblo. Nos enseñan el molino, que está en obras, y no entramos por ello y por aquello de la celiaquía (dudo que se escriba así) de Jaco, pero podemos hacerle su merecida foto, ya que el día anterior lo habíamos visto, pero desde el coche, así que no pudimos más que grabarlo. Me pareció muy bonito, merecedor de una foto en condiciones.


jueves, 19 de julio de 2012

2º día, y llegada de la sorpresa



Aquí en Wassenaar, y supongo que en Holanda entera, ya es “por la mañana” a las 5am, así que un poco más tarde que “por la mañana”, bajamos a desayunar. Colacao, plato repleto de tostadas, zumo en el exprimidor (un poco perjudicado el pobre, va a hay que cambiarlo ya), hambre, y un rato después, barrigas llenas.
Gabi y Ali nos invitan a pasar al coche, quieren enseñarnos el pueblo y nosotros, que aun no hemos salido de casa más que para pasear a los perros, aceptamos encantados.
Llegamos al centro del pueblo, a la calle principal, y nos enseñan el “intertoys”, la tienda de juguetes a la que han ido Mónica y Jacobo a comprar algo para tía Inma y su madre, Brezo, que son sus cumples mañana y pasado. Seguimos caminando sin vera los dos peques, y pasamos por una tienda que es una mezcla entre el Ikea y el Primark, pero llamado Hema. Ahí ojeamos la zona de exprimidores, peeero, solo tienen licuadora, así que no sirve. Al salir, vemos que venden bicis holandesas por unos 270€, y mientras Gabi nos deja para buscar un exprimidor, Ali nos enseña el resto del pueblo. Nos señala el Luciano, una tienda de helados ricos ricos, y muy baratos. Pasamos cerca de la tienda de animales, y huímos de la cámara de vigilancia que pone multas a los que pasean en bici por las calles y zonas que no son “uitgezonderd” (“excepto”, aunque en un principio pensé que sería “autorizado”) bicis, y nos encontramos con Gabi, que nos reagrupa y nos lleva de vuelta al coche, rumbo a la granja.

miércoles, 18 de julio de 2012

Día 1. Reconocimiento de la zona


Al coger el coche, Gabi nos llevará hasta casa, en Wassenaar. Lo primero en que me fijo, es que los carteles son liosos, porque no entendemos ni papa. También vemos desde la autopista los aviones despegar, e incluso que pasan por encima de nosotros, ya que hay un túnel especial para coches que atraviesa el aeropuerto. Y todo lleno de canales. De algo si que me doy cuenta: gratis se escribe igual que en español, aaaaunque, se dice “jratis” jaja. Por la carretera, Gabi nos va avisando de los peligros de Holanda. Por la autopista se puede ir a un máximo de 100km/h, y la gente lo respeta. Hay puentes levadizos, y de repente se ponen en rojo los semáforos y se ve cómo se divide en dos la carretera, ésta sube, pasa un barco, y vuelve a bajar. Por desgracia no pudo demostrárnoslo porque tuvimos todos en los semáforos en verde/ámbar.
El pueblo en el que estaremos nosotros es un pueblo muy tranquilo, tanto que, si te ven por la calle haciendo ruido a lo “español”, te miran mal y si tienen un mal día te regañan. Hay que andarse con ojo, y ya nos ha dicho Gabi que, si lo que queremos es marcha, vayamos un día a “La haya” (también conocido como “Den Haag”) o a Ámsterdam. Pero que entrenemos antes con la bici por los alrededores, porque son unos cuántos kilómetros, y estaría bien el ir en coche si aparcarlo no te costase 4€ la hora, ni la gasolina estuviera tan cara.
Muchos canales, árboles, campos que meses atrás estarían plagadísimos de tulipanes y flores, ovejas, vacas, caballos, coches con matrícula amarilla, personas largas y delgadas, y bicis y bicis y bicis después, llegamos a casa, no sin antes saber que los taxi y los servicios de transporte en este país, se distinguen del resto de vehículos porque llevan la matrícula azul.
Al llegar nos reciben Jacobo, Mónica y Alicia, Gabi nos ofrece algoloquequeramos de comer, y comienzan a enseñarnos la casa. Las maletas las dejamos en la entrada porque será tía Brezo la que nos distribuya por las habitaciones.
Empezamos por la cocina, con su pequeña despensa española, que la llenamos con nuestros 5kg de arroz SOS, 3 kg de harina de fuerza, 2 paquetes de Tosta Rica y otros tantos de Marbú Dorada, 4 cajas de galletas de Jacobo, 3 paquetes de pan bimbo sin gluten, y… chan chan chan chaaaaaan! 6 kilazos de cola cao! Así no podrán decirnos que no cojamos, jaja.

Aeropuerto y llegada



¿Os lo podéis creer? Con lo que yo soy, con la madre que tengo, y hasta la noche antes del viaje, no se le ocurre a mi querida Angy imprimir los billetes. Billetes en los que no viene la terminal en la que se coge el avión a Ámsterdam.
Una vez impresos, y con las maletas ya hechas y recubiertas de papel film, nos damos cuenta de que hemos olvidado meter el neceser, y llevamos líquidos que no pueden ir en la maleta de mano (maleta que pesa 2kg más de los permitidos, y que ocupa más que la maleta en la que van los 22kg de comida española para los holandeses). Total, que todo el papel film a la porra, y con todo ya hecho, nos vamos a la camita tras cenar unos fantásticos sándwichs de jamón y queso, acompañados de rodajitas de espetec y de queso semicurado.

Enlace para situarse



Es solo una prueba, pero a ver si desde este enlace podéis ver los lugares que menciono en el blog (pronto seguiré con él), y así conocéis lo que nosotros hemos estado y estaremos conociendo aun durante tres semanas.


Vacaciones holandesas, mapa del lugar


La pelirroja holandesa